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Cuerpos de Barro, Almas de Luz: El fin del ciclo de energía.

  • Foto del escritor: Phaola Andrea Lombardo
    Phaola Andrea Lombardo
  • 18 ene
  • 2 Min. de lectura

Mi tia ya se encontraba fría en en su ataúd (cajón)

Llegamos y todo era silencio. No había palabras de consuelo, y si existen en ese momento no me salían. Toda esperanza se había consumido, dejando un gran vacío, vacío de palabras, accion, vacío de vida, solo quedaba lo que fue, era un ser inanimado, ya no se le podía hablar, hacer reír, preguntar, cuestionar o simplemente darle un abrazo de despedida para decirle hasta luego o nos vemos pronto.

Primero abrace a mi prima, y luego a mamá.

Permanecimos en silencio, comprendiendo que la energía que daba vida a mi tia, y mismo la energia del lugar se hacía cada vez más densa, energía de dolor, de tristeza por los que quedaban, se sentía en el aire solo angustia y desolación.

Al abrazar a cada persona, cada persona decía o intentaba expresar su dolor, cada persona lloraba por algo, aunque se suponía que era por la ausencia de... Sin embargo en ese momento sentía que cada persona encontraba el motivo o el momento ideal para desahogarse en llanto.

Al mirar a mi tia, ya en su morada eterna, observe que la energía que dio vida a mi tía todo este tiempo ya no estaba, nunca mas volvere a escuchar su voz diciendo mi nombre, o explicandome algo que surgía a raíz de una conversación. Observando la posición de las manos de mi tia, intentamos cambiarlas de posición, a la posición que se supone que deberían estar, y nada, no se podía, todo era rígido, las manos estaban como piedra.


Comprender que todo es energía, y todo funciona gracias a ese aliento de vida que se nos da al nacer, tratando de comprender la raíz de la palabra impermanencia, y poder vivir a partir de ello.


Uno de mis mantras es... donde hay esperanza, hay vida. Pero cuando la vida, esa energía que nos alimenta, que nos mueve, se acaba, quedaremos ahí como mi tía inmóvil.







 
 
 

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